Pablo Sannicasio Ramos

El concepto de guitarra que maneja Darío Moreira entronca con el futuro que se le debe prometer a este instrumento. Una idea basada en el estudio riguroso de cada partitura y su interpretación, el análisis de nuestro folclore, la búsqueda de los puntos comunes entre la música “culta” y la “popular” y la puesta en práctica de soluciones técnicas verdaderamente adecuadas a la guitarra y los intérpretes de hoy. El no renunciar a ello es lo que un día le debe poner en su sitio como compositor y como intérprete. Por ese camino va.

Desde que le conocí e intercambié ideas con él por primera vez, allá en Torrelodones (Madrid) en un otoño de 2007 y a la salida de un concierto de Vicente Amigo, tuve conciencia de saber con alegría que era uno de los músicos valiosos con poder para, ojalá, terminar de una vez con esa idea retrógrada que todavía rige a la guitarra. Se trata de que prime el conservacionismo del patrimonio de la sonanta, no el conservadurismo de unos esquemas sin futuro.

Darío, fruto del azar de su vida, había reciclado sus conocimientos en favor de una vuelta a los orígenes de la guitarra antigua, aquella de los tiempos cuando un guitarrista no tenía sellos y sólo tocaba, eso sí, con la máxima solvencia. Todo ello canalizado a su obra compositiva. Piezas que, por ejemplo con mi dúo de guitarras, he tenido la suerte de conocer e interpretar. Representan la diferencia entre tocar y vivir, o defenderse de unas notas puestas con más intuición que conocimiento. Entre que algo pueda salir o no, a que salga casi sin esfuerzo porque no hay remedio de que la idea grite a los cuatro vientos. La música de Darío va como la seda para las manos y hasta una concurrencia analfabeta en lo musical encuentra raíces familiares en una estética que tampoco renuncia a la vanguardia.

Darío Moreira tiene el futuro de la guitarra por delante, para devolverla a unos tiempos que sólo gente como él sabe que existieron.

Pablo Sannicasio Ramos, guitarrista y periodista.